En los últimos años hemos escuchado hablar mucho de sostenibilidad en el mundo del vino: reducción de químicos, energías renovables, reciclaje… Pero hay un recurso mucho más antiguo y natural que está volviendo a ganar protagonismo en los viñedos: las ovejas.
Estos animales, que durante siglos han acompañado la vida rural, se han convertido en auténticas colaboradoras de bodegueros y viticultores que quieren trabajar de manera más respetuosa con el medio ambiente.
El pastoreo como herramienta ecológica
Una función esencial de nuestras ovejas es la regulación de la vegetación. Aunque no entran en el viñedo, sí recorren el sotobosque, consumiendo maleza seca y contribuyendo así a la prevención de incendios. Además, el estiércol que generan se transforma en compost, un fertilizante natural rico en nutrientes y con un pH ligeramente alcalino que enriquece el suelo.
Es un trabajo que realizan nuestras ovejas de manera limpia, natural y constante.
Fertilizantes naturales siempre a mano
Mientras pastan, nuestras ovejas devuelven al suelo parte de lo que consumen en forma de estiércol. Este abono natural enriquece el terreno, aporta nutrientes y mejora la estructura del suelo. Es un ciclo natural perfecto.
Además, favorece la vida microbiana y ayuda a retener mejor la humedad. En la práctica, es como tener un sistema de fertilización circular, en el que todo se aprovecha y nada se desperdicia.
Un impulso a la biodiversidad
La presencia de ovejas en nuestro viñedo también mejora la biodiversidad, algo en lo que en Bosque de Matasnos ponemos especial atención y cuidado. Al mantener la hierba a raya de forma equilibrada, se crean pequeños hábitats donde prosperan insectos beneficiosos, aves y otros animales.
En Bosque de Matasnos además luchamos por la recuperación de aves rapaces en colaboración con la Asociación Grefa.
Otra de nuestras pasiones son nuestras abejas, con sus enjambres y colmenas certifican la calidad medioambiental de nuestro bosque y su miel libre de pesticidas y herbicidas está certificada por el laboratorio CSIC La Grajera.
Todo esto genera un ecosistema más rico y diverso, que a su vez actúa como defensa natural frente a plagas y enfermedades. Así, se reduce la dependencia de pesticidas y el viñedo gana resiliencia.
Beneficios económicos y sociales
No podemos olvidar que este sistema también resulta rentable. Se ahorra en herbicidas, fertilizantes y combustible de maquinaria. Y, al mismo tiempo, muchos trabajan en colaboración con pastores locales, lo que impulsa la economía rural y fortalece la conexión entre viticultura y ganadería.
Se trata de un ejemplo claro de cómo la sostenibilidad puede ir de la mano del desarrollo económico y social.
Recuperar lo tradicional para mirar al futuro
Aunque pueda sonar innovador, usar ovejas en el viñedo es en realidad una tradición recuperada. Durante generaciones, la agricultura y la ganadería convivieron en equilibrio.
Hoy, frente al reto del cambio climático y la creciente demanda de prácticas respetuosas con el entorno, este método vuelve a cobrar sentido. Demuestra que muchas veces la innovación pasa por mirar atrás y rescatar conocimientos que ya formaban parte de la vida rural. En Bosque de Matasnos además nos caracterizamos por apostar siempre por la sostenibilidad frente a otras prácticas
Nuestras ovejas son mucho más que un elemento decorativo en el paisaje vitivinícola. Son ayudantes silenciosas que permiten mantener los viñedos limpios, fértiles y llenos de vida.
Su aportación favorece la biodiversidad, reduce el impacto ambiental y refuerza la sostenibilidad de un sector que, cada vez más, busca equilibrar tradición, calidad y respeto por la naturaleza.
En definitiva, integrar ovejas en nuestro viñedo no es solo una práctica sostenible: es un recordatorio de que el vino empieza en la tierra, y que cuidarla es la mejor forma de asegurar un futuro sostenible para todos.