Por Alberto Granados
“Bosque de Matasnos en…” nace del deseo de recorrer esas mesas donde el vino forma parte real de la experiencia gastronómica. Restaurantes que entienden que una buena bodega no es un simple acompañamiento, sino una prolongación natural de la cocina, del producto y de la personalidad de la casa. Espacios donde el maridaje se construye con sentido y donde los vinos de Bosque de Matasnos encuentran su lugar de manera honesta, dialogando con cada plato y aportando matices al conjunto.
La sección pone el foco en restaurantes que cuidan el vino con la misma sensibilidad con la que trabajan la cocina o la sala. Casas donde descorchar una botella forma parte del relato gastronómico y donde el vino acompaña la experiencia con sentido.
Porque al final, “Bosque de Matasnos en…” no habla solo de vino, sino de restaurantes con alma y de esa armonía entre copa y cocina que termina dando personalidad a una mesa. En esta ocasión nuestra siguiente parada nos lleva hasta Campaspero, una localidad vallisoletana donde el lechazo asado forma parte de la identidad gastronómica de Castilla y donde el restaurante Mannix se ha convertido en una referencia imprescindible para quienes buscan autenticidad en la mesa.

Nada más cruzar la puerta se percibe esa sensación que solo transmiten las casas con personalidad propia. Un comedor elegante sin excesos, un servicio atento y, sobre todo, el aroma inconfundible que llega desde los hornos de leña donde se asan lentamente los lechazos que han dado fama a esta casa.
En esta ocasión el maridaje giró alrededor de dos referencias de Bosque de Matasnos presentes en su carta: Etiqueta Blanca 2022 y Edición Limitada 2019. Dos vinos con perfiles muy diferentes que nos permitieron acompañar toda la comida de forma natural.

Comenzamos con el Etiqueta Blanca 2022 junto a unos magníficos pimientos asados al horno de leña acompañados de ventresca y anchoa de Santoña. Un plato que combina dulzor, intensidad y frescura, y donde el vino mostró desde el primer momento su capacidad para acompañar sin imponerse.

El mismo vino nos acompañó después con unas croquetas de jamón ibérico que llegaban perfectamente cremosas en su interior y con una fritura impecable. Frescura y equilibrio para un plato que nunca falla cuando está bien ejecutado.

La última parada antes del gran protagonista de la comida fue una excelente morcilla con piñones y pasas. Un plato profundamente castellano, lleno de matices, donde el Etiqueta Blanca volvió a demostrar su versatilidad acompañando con naturalidad una elaboración de gran intensidad.

A partir de ese momento entró en escena el Edición Limitada 2019. Un vino con más estructura y profundidad que encontró su mejor aliado en el plato más emblemático de la casa: el lechazo asado. Llegó a la mesa un cuarto de lechazo con esa piel dorada y crujiente que tantos aficionados recorren kilómetros para disfrutar. Carne tierna, jugosa, de sabor limpio y cocción impecable. Un plato que explica por sí solo la reputación del restaurante y que encontró en el Edición Limitada un compañero de viaje perfecto.

Para terminar, una magnífica tarta de queso puso el broche final a la comida. Cremosa, equilibrada y con personalidad propia. Una despedida perfecta que seguimos disfrutando junto al Edición Limitada 2019, cerrando una experiencia donde cocina y vino caminaron en la misma dirección.

Mannix representa una forma de entender la gastronomía que resiste al paso del tiempo. Una cocina que no necesita artificios porque encuentra su fuerza en la calidad de la materia prima y en décadas de experiencia.
Y en una mesa como esta, Bosque de Matasnos vuelve a encontrar su lugar. Compartiendo protagonismo con una de las grandes especialidades de Castilla y demostrando que el vino, cuando está bien elegido, no acompaña la experiencia: forma parte de ella.
Restaurante Mannix (Calle Real, 27. Campaspero, Valladolid)
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